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Las 100 mejores películas de la historia del cine



Las 100 mejores películas de la historia del cine.

Los escaparates y estanterías de las librerías están llenas de títulos como Las 1001 películas que debes ver antes de morir o Las 501 películas que no debes dejar de ver, las revistas de cine presentan año tras año los listados de las mejores películas del ejercicio y algunas revistas especializadas publican periódicamente las listas de los mejores films de la historia del cine. Entre estas últimas está el listado de la más prestigiosa de todas, la que Sight & Sound publica cada diez años.

Una de las virtudes de este listado es su trayectoria temporal. Lleva publicándose cada 10 años desde 1952 proporcionando un rastro histórico evidente. Como sugiere Jose luis Guarner (Las gafas de Parménides, Film Ideal”, nº 94, 15 de abril de 1962), la escala de valores aplicada al análisis crítico del cine cambia con el tiempo y esto proporciona a la lista de Sight & Sound un interés sociológico y cultural, incluso mayor que el estrictamente cinematográfico.

El ultimo listado de la revista ha levantado ampollas. Una película dirigida por una mujer, Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles (1975) de Chantal Akerman, ha desplazado del primer lugar a leyendas del cine como Vértigo (1958) o Ciudadano Kane (1941). No es un salto en el vacío. Se trata de un film de culto entre la cinefilia, con una mirada femenina insobornable, que ya ocupaba el puesto 36 en la lista precedente. Akerman, en palabras de Iris Brey (Le régard Féminin, Ëdition de lÓlivier, 2020) “abandona los códigos cinematográficos tradicionales, rechaza la idea de la identificación y se pone a distancia (ni muy cerca, ni muy lejos) para permitir al espectador comprender mejor la cotidianeidad de su personaje”. Tampoco debiera sorprendernos. El listado se ajusta a un nuevo clima de opinión: más películas dirigidas por mujeres, presencia de cineastas afroamericanos, mucha presencia de películas de vanguardia. En su contra, ningún cineasta latinoamericano, pocos del continente africano, paso a un segundo lugar del cine mudo, un solo western (Centauros del desierto, 1956), un solo musical (Cantando bajo la lluvia, 1952), ninguna comedia screwball, ninguna película del cine negro clásico norteamericano, ausencia de la denominada generación perdida, todo ello jalonado con ausencias imperdonables. No nos alarmemos.  Significa que algo se mueve. Otra cosa es el debate, no sobre la calidad de las películas incluidas, en todo caso indudable. Sí sobre el uso del calificativo de mejores.

El listado de Sight & Sound tiene dos problemas, la cantidad y la ordinalidad. Al hacer un listado de solo 100 películas siempre habrá agravios y en este caso son de envergadura. Ninguna película de Howard Hawks, Raoul Walsh, Abel Gance, Ernst Lubitsch, Jacques Tourneur, Nicholas Ray o Luis Buñuel. Parecen olvidos lamentables. Comparar dos o más películas no es un ejercicio estéril. Las universidades están repletas de departamentos de Literatura Comparada con un gran prestigio. Claro que se puede comparar una película de Hitchcock con otra de Ozu. Responden a dos tradiciones distintas, a dos estilos diferentes y coinciden en su época histórica. A estas comparaciones se les puede sacar punta. Otra cosa diferente es decir que una sea mejor que la otra. A pocos se le ocurren preguntarse si es mejor Las meninas de Velázquez, que Los fusilamientos del 3 de mayo de Goya o el Guernica de Picasso. Las tres son magnificas y las tres responden a tiempos, estilos y pretensiones diferentes.

Es difícil responder a la pregunta de qué es la calidad en el arte. Alejandro Vergara (¿Qué es la calidad en el arte?, Colección Clepsidra, 2022) refiriéndose al arte del siglo XV al XVIII responde que la calidad está relacionada con el dominio de los recursos técnicos de los pintores (ilusión de volumen, perspectiva, composición, color, expresión, dibujo, …). Parece una respuesta razonable para definir la calidad en ese periodo histórico pero incompleta, por ejemplo, para definir el concepto de calidad para la pintura contemporánea donde otros valores como el conocimiento, la creatividad o la innovación añaden nuevas perspectivas.

Volviendo al cine.  ¿Es el film de Akerman la mejor película de la historia del cine? ¿Es mejor Vértigo que Cuentos de Tokio (1953)? ¿No coinciden todos los críticos que El cuarto mandamiento (The Magnificent Ambersons, 1942) de Welles es mejor que Ciudadano Kane (1941)?  La revista Variety, en franca competición con Sight & Sound, piensa que Psicosis (1960) es mejor que Vértigo, opinión que muchos comparten. Vértigo es impecable como integración entre fondo y forma, pero es demasiado cerebral. A Psicosis, se le ven más las costuras y eso la engrandece.

La lista de los premios Óscar concedidos todos los años, desde 1929, por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas tampoco contribuye a resolver esta encrucijada de identificar los criterios con los que una película se puede calificar mejor que otra. Basta recordar, y solo son unos pocos ejemplos, porque la lista sería abrumadora, que películas como La vuelta al mundo en 80 días (1956), Rocky (1976), Gandhi (1982), Shakespeare enamorado (1998) o Argo (2012) fueron consideradas como la mejor película en sus ejercicios respectivos. Difícil coincidir con la idea de que así fuera. Hagamos un pequeño repaso, sin ánimo de exhaustividad y solo en el mundo anglosajón. En 1956 se realizó Centauros del desierto; en 1976 Taxi Driver; en 1982 Blade Runner; en 1999 Cómo ser John Malkovitch; en 2012 Moonrise Kingdow.

En fin, al objeto de clarificar el concepto de calidad en el cine, quizás puedan servir de ayuda los términos acuñados por el crítico de cine Manny Faber en los años 60 del siglo pasado de Arte Termita y Arte Elefante Blanco. Faber entendía que el cine Elefante Blanco hacía referencia a aquellas películas que buscaban el elogio, los premios y el aplauso del público, trataban temas importantes y que para ello utilizaban recursos que intentaban epatar. Eran películas que nacían con vocación de asombrar y ser grandes, con cierta pretenciosidad, que abusaban del subrayado y que, de nuevo recurriendo a Guarner, buscaban deslumbrar e impresionar al espectador. Son habitualmente películas que pronto pasan al olvido.

Son muchos los ejemplos que pueden considerarse en esta categoría. Para el propio Faber el cine de Antonioni, Truffaut o Tony Richardson respondía a estas consideraciones. Pueden añadirse muchas más películas hasta hacer la lista interminable. ¿Es el cine de James Cameron un ejemplo de Elefante Blanco? Titanic (1997) con todos sus premios Óscar o la saga de Avatar (2009 y 2022), con todos sus avances técnicos parece confirmarlo. ¿Son los blockbusters de Marvel otro ejemplo de Elefante Blanco con sus personajes planos, sin enjundia, ni profundidad dramática? Muchos opinarían que también. ¿Es Cisne Negro (2010) de Darren Aronofsky, un caso típico de Elefante Blanco? ¿O la ya citada Gandhi (1982) de Richard Attenborough? ¿Lo son también algunas películas de Christopher Nolan? Muchos responderían afirmativamente. Seguramente habría un cierto consenso en aceptar que hay pocas películas Elefante Blanco en el listado de Sight & Sound, pero algunas sobrevaloradas haylas.

En cambio, en la categoría de Arte Termita Faber incluía aquellas películas que dejan huella, que quedan, que asumen riesgos, que exploran nuevos caminos, que buscan nuevos logros y que en definitiva emocionan. Faber citaba a Laurel & Hardy y la colaboración entre Hawks y Faulkner, pero puede añadirse que el cine de Buster Keaton, Nicholas Ray, Bergman, Haneke, Wong Kar Wai, Pasolini y tantos otros cabe en esta clasificación. Efectivamente, son artistas que dejan huella y abren caminos. También habría bastante consenso sobre el número de películas Termita en el listado de Sight & Sound. Muchas.

Hay cineastas que sufren la maldición de encontrarse en tierra de nadie. Es el caso de Steven Spielberg, uno de los cineastas con mayor influencia en el cine contemporáneo. La crítica seria no lo considera un artista Termita. De hecho, ninguna de sus películas figura en la lista de Sight & Sound de las 100 mejores. La academia, por su parte, considera que se trata de un cineasta que trata géneros menores. Y no será porque no haya dejado de intentarlo. Realizó al menos tres películas con las que porfió por ser considerado un autor: A. I. Inteligencia Artificial (2001), Minority Report (2002) y La guerra de los mundos (2005), que como hemos visto no tuvieron los resultados esperados. Tuvo que hacer La lista de Schindler (1993) para recibir el reconocimiento de la academia, no su mejor película, ni siquiera una de las mejores películas sobre el holocausto judío, con decisiones más que discutibles de puesta en escena. Oigamos como Michael Haneke tiene problemas con “la idea de crear suspense de una situación como la de las mujeres en las duchas de gas” y cree que es imposible hacer una película sobre el Holocausto, porque “lo conviertes en entretenimiento”. Con ciertos temas hay que andar con tiento.

Dicho todo esto, Spielberg tiene en su haber una película como Tiburón (1975) que merecía estar en esta lista de cintas emblemáticas. Y tiene otras muchas películas donde siempre aporta soluciones visuales brillantes, incluso en las menos interesantes. Por no decir que cuenta en su filmografía con uno de los clásicos modernos del cine de aventuras como Indiana Jones y la última cruzada (1989).

Las listas de las mejores películas de la historia del cine tendrían mayor interés si se ordenaran por influencias y relaciones entre ellas, una idea más cercana al de Arte Termita. Es el momento de recuperar otro concepto, esta vez acuñado por Carlos Losilla (La invención de la modernidad, Cátedra, 2012), como es el del relato histórico, aquel que entreteje correspondencias y conexiones entre películas que dan lugar a intuiciones no evidentes. El relato histórico descubre así vínculos que facilitan una lectura más rica, quizás también aún más sesgada. Losilla concluye que la historia del cine es cronológica…el relato es una reordenación de la historia…el relato penetra en la historia para permitir la aparición de la experiencia personal con una voz distinta que retuerce el tiempo…el resultado ya no es lineal, sino una especie de hilo narrativo que se diluye en infinitos desvíos”.

Este enfoque nos permite relacionar el cine de Búster Keaton - El moderno Sherlock Holmes (Sherlock Jr.1924)- con el cine de Jerry Lewis y de Monty Pyton, por ejemplo. Permite conectar el cine de Anthony Man con el de Clint Eastwood o películas como Plácido (1961) de Luis García Berlanga con Parásitos (2019) de Bong Joon-ho. Muchos de los cineastas y películas citadas, por desgracia, no se encuentran en la citada lista de Sight & Sound.

Cuando alguien lee con atención la lista, sin embargo, ve con agrado que aparecen cintas del mundo artístico de la vanguardia, como Meshes of the Afternoon (1943) de Maya Deren y Alexander Hammid, pero echa de menos no encontrar a Germaine Dulac, con dos films como La sonriente Señora Beudet (La Souriante Madame Beudet, 1923) y La concha y el cura, (La coquille et le clergyman (1928) que podrían enlazar con Belle de Jour (1967) de Buñuel. También se echan de menos películas alemanas de los años 20 como Las tres luces (1921) de Fritz Lang o Nosferatu, (1922) de Murnau, decisivas para entender el cine de género de la época clásica norteamericana, prácticamente ausentes de la lista Sight & Sound..

Guido Aristarco nos recordó – citando a Flaubert- que hay que admirar lo que no se ama. Griffith es un caso paradigmático. Podemos pensar que era un racista (que efectivamente lo era) pero no podemos dejar de opinar que El nacimiento de una nación (1915) – que ni aparece en la lista de  las mejores 100 de Sight & Sound- es una película decisiva de la historia del cine y fuente primigenia del lenguaje cinematográfico. Elia Kazan ya había desaparecido del canon desde hace muchos años e incluso hoy en día deja controversias, como cuando recibió el Oscar Honorifico de la Academia en 1999 de la mano de Martin Scorsese, con la desaprobación de muchos de los presentes (Ed Harris, y Nick Nolte, entre otros), pero no podemos olvidar que en su filmografía se encuentran películas como Un tranvía llamado Deseo (1951) y La ley del silencio (1954). John Houston de estar en la cima de la consideración de la crítica ha pasado a ser casi un apestado. Capaz de lo peor (Evasión o Victoria, 1981 y Annie, 1982) tiene dos obras -la primera y la última de su carrera– que forman parte de la historia canóniga del cine: El halcón maltés (1941) y Dublineses (Los muertos (1987). Sabemos que ahora hay cineastas a los que se intenta borrar del canon cinematográfico, pero Polanski es un hombre decisivo del cine de los sesenta con dos cumbres del cine de terror – Repulsión (1961) y La semilla del diablo (1968)- y que tiene en su filmografía una de las cintas sobre el holocausto – El pianista (2002)- más importantes de la historia y, para muchos, una cumbre del cine negro como Chinatown, (1973). Tampoco podemos dejar de lado que la comedia del cine del cine contemporánea no se puede entender sin nombrar a Woody Allen, sino que lo atestigüen cineastas como Hong Sang-soo o Jonás Trueba.  

Y hablando de cine español, puede compartirse la opinión de que El espíritu de la colmena (1973,) de Victor Erice, sea la mejor película española de la historia y se puede estar de acuerdo, también, con que la influencia de la industria española en el cine mundial es muy pequeña, pero esto no justifica excluir a Buñuel del canon del cine mundial. Prescindir de Un perro andaluz (1929) es un olvido lamentable. Estudiar la colaboración entre Epstein y Buñuel, la influencia de Buñuel con autores contemporáneos como David Lynch o analizar el rastro entre La parada de los monstruos (Freaks, 1931) de Tod Browning y Los olvidados (1950), puede alumbrar conexiones muy sugerentes.

Como no hay películas perfectas, hasta en las mejores películas – 2001, Una odisea del espacio (1969), puesto número 6 de la lista Sight & Sound - hay momentos Termita y momentos Elefante Blanco. Los primeros 20 minutos del film siguen siendo asombrosos. Una elipsis de millones de años cierra esa primera parte. La película se termina con una última sección donde el espectador medio debiera recurrir a la novela de Arthur C, Clarke (posterior al film) para comprenderla. Algo parecido, aunque no tan desequilibrado, pasa con Erase una vez en el oeste (1969) de Sergio Leone. La secuencia de apertura con su banda sonora es un modelo de ritmo, suspense y humor, su calidad es tal que incluso se podría prescindir del sonido y seguiríamos entendiendo y disfrutando de la película. Puede sonar exagerado, pero ver este film y acordarse del Dreyer de La pasión de Juana de Arco (1928) nos descubre como se puede contar una historia casi solo con primeros planos.

Hablando de Dreyer, Paul Schrader incorporó el concepto de estilo trascendental (El estilo trascendental en el cine, Ediciones JC, 2019) –practicando este método cartográfico de relato histórico del que hablamos- para analizar el cine del propio Dreyer, Ozu y Bresson, y reivindicaba el poder de la imagen para representar el estasis, apoyado en una puesta en escena sobria y límpida, donde sobran los amaneramientos, de manera que se alcance una atmósfera para que nadie se sorprendiera, por ejemplo, por la aparición de un milagro en La palabra (Ordet, 1955). El último periodo de Schrader como cineasta - El reverendo (2017), El contador de cartas (2021) El maestro jardinero (2023) - es coherente con esta premisa. Como dice de nuevo Guarner “toda estética implica una metafísica”. El cine de Budd Boetticher pertenece también a este tronco ascético,

¿Podemos despreciar el arte Elefante Blanco? La diferenciación entre Cine Termita y Cine Elefante Blanco es como una campana de Gauss, con dos colas y una zona intermedia donde se coloca gran parte de la producción audiovisual, pero una cineasta como Kathryn Bigelow (otra ausencia del canon de Sight & Sound ) nos hace intuir que su cine, colocado en la cola Elefante Blanco, es muy reivindicable, una apuesta por un cine comercial y de éxito con gran rigor  y estilo en el mainstream cinematográfico. Nadie debiera avergonzarse porque le gusten muchas películas de esa zona intermedia que no pasarán a la historia del cine, pero que forman parte de su biografía. El personaje de Alta Fidelidad (2000), de Stephen Frears, acaba clasificando sus LP por orden biográfico. Santos Zunzunegui titula su último ciclo de conferencias (ya publicados en la Editorial Shangrila) como Mis historias del cine. Tiene todo el sentido.

Suele decirse, cuando se presentan listas de películas, premios o ensayos en forma de canon, que no están todas las que son. Desgraciadamente esto suele ser verdad. También suele aducirse, en contrapartida, que son todas las que están. Tampoco pueda garantizarse que esto sea siempre totalmente cierto. Los caprichos, las modas y el marketing clickbait también participan en este juego. En resumen, pueden encontrarse parámetros para definir la calidad de una película, comparar unas con otras y establecer filiaciones entre ellas, pero no - cuando hablamos del mismo rango de calidad- para decidir si una es mejor que otra.

 

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